
Osés no era el hombre, era la bestia... en un buen sentido.
En las películas, interpretó personajes que huirían despavoridos ante su verdadera majestuosidad. Sus retumbantes cánticos de bajo silenciaban todo lo demás, instaurando así el preludio para beber cantidades inenarrables de cerveza.
Claro está que Osés era un oso con un corazón de oro, quien repartía fuertes abrazos, bromas, manotazos y cigarrillos baratos en grandes cantidades para todo aquél que fuera su amigo.
Era divertido tenerlo en un rodaje, y lo cierto es que encajó en sus personajes, ¿verdad que sí?