
Ramix fue recomendado en su calidad de secuaz para la desvergüenza, capaz de travesuras tales como acariciar una caca con la mano o improvisar un cante en jerigonza.
Fue de esos adolescentes que pegan el estirón físico con un poco de retraso pero de manera notoria, elevándose de pronto su autoestima acerca de la propia imagen, a pesar de que por entonces ya eran los últimos tiempos del grupo.
A pesar del cambio, su humor alocado seguiría formando parte de su carácter para siempre.