
Andreu entró en Immortal a finales del periodo clásico, seducido por el arte del cine y el disfrute que prometía realizar cortometrajes con nuevos amigos.
Su talante ha caminado siempre junto a la palabra, y pronto contribuyó en el campo del guionaje, con textos propios y alguno compartido.
Junto a su atractiva personalidad y astuto sentido del humor, su disponibilidad y sana actitud de trabajo lo hicieron requisible como actor en tantos proyectos.
Por otro lado, fue un agente crucial en la transformación institucional de la entidad con la que se daba paso al periodo moderno, mediante el cambio político denominado 'proceso de profesionalización'; cambio con el que se logró reforzar el carácter democrático de la asociación.
Entre todas las aptitudes ejemplares de Andreu, la más espectacular era el despliegue de sus habilidades diplomáticas.