
Xavi fué un compañero útil y muy alentador. No era un socio constantemente activo, pero no desaparecería por mucho tiempo con sus salidas a la montaña hasta participar de nuevo en un cortometraje.
Contempló el principio y el final del grupo, conservando siempre un pie en el exterior, de modo que él no sufriera las tragedias internas ni aspirara a demasiada de la vanagloria que se daba en el grupo.
Como suele suceder en las peñas de aficionados, en ésta siempre se premiaba a quien mostrara pasión por la tarea. Aunque dicha actitud no era la favorita de Xavi, él ofrecía lealtad y atención inagotables, que son motivos de sobra para que los demás quedemos eternamente agradecidos.