
Villa se aplicó exclusivamente al trabajo con la cámara y tras la misma, fascinado sobre todo por la tecnología pero también por el resto de aspectos relativos a la realización.
Tantas veces rechazó, o bien se desentendió del ánimo necesario para participar con ilusión en grandes proyectos que consideraba infantiles o bien imposibles, hasta que le sorprendían por ser reales y verdadera diversión.
De buen comienzo eligió la cautela y la seriedad en contraposición al desenfreno de otros.
Despegó de veras durante el periodo moderno, durante el cual realizó tres de las mejores obras de nuestra filmografía.
Su estilo serio y escéptico tomó las riendas al final del asunto.