Un amateur orgulloso y plenamente entregado, Casé siempre ofreció a cualquiera, dentro y fuera de Immortal, su propia cámara y su colaboración desinteresada.

Se atrevió pronto a trabajar ante la cámara, entregándose a jugar, actuar y practicar la interpretación con tanta pasión como falta de contención y de sentido del ridículo.

Fue editor y director en tantas ocasiones, adquiriendo una notoria habilidad en la manipulación de vídeo analógico. También escribió el mayor número de guiones, a veces colaborando con una pluma amiga.

En los últimos tiempos, tuvo que sentirse impotente cuando su enorme entusiasmo había dejado de contagiar a los demás. Inmediatamente a la desintegración del grupo, redirigió su interés hacia el teatro.